Aquella noche no era como las demás, había algo en ella que la hacía distinta del resto. Yo, sin apreciar realmente lo que ocurría me dirigí como cualquier otro día al bar de Mike. Era el único sitio en el cual me podía parar a reflexionar y descansar después de pasar todo el día estudiando desagradables casos en aquel minúsculo y sucio despacho.
Antes de cruzar la puerta, pensé que sería el momento de dejar de acudir a aquel sitio, el despacho no funcionaba como yo había esperado y sería el momento idóneo para dejar de derrochar y ahorrar algún dinero. Aún así, me dirigí hacia dentro entre la espesa nube de humo que intentaba escapar por la puerta de entrada. Caminé despacio hacia la barra y me senté en el mismo taburete de todos los días. Era una de esas noches que no me apetecía hablar mucho con la gente, asique permanecí callado y el camarero me sirvió lo de costumbre.
Miré a mi alrededor y recordé los buenos momentos que había pasado allí. Entre aquellas paredes, hoy ya oscuras y sucias, me venían cientos de recuerdos. Por un momento imaginé que me encontraba en aquel sitio pero unos años atrás. El lugar era el mismo, pero todo tenía un aspecto distinto. Aquellas paredes negras y tristes que me rodeaban se habían vuelto blancas y desprendían ilusión y un futuro esperanzador. Estaban allí todos mis viejos amigos que poco a poco habían dejado de acudir a aquel bar. Recuerdo que éramos como una gran familia, nos defendíamos y cuidábamos unos de otros, con ellos allí aquel rincón de la ciudad tomaba otro aspecto, lo que para algunos podía parecer un oscuro antro, para nosotros era un verdadero hogar.
Las voces y gritos de la discusión entre dos clientes me volvieron a trasladar al oscuro bar que aquello se había convertido para mi. Empecé a preguntarme por qué seguía acudiendo a aquel lugar. Quizás sería porque me gusta vivir de los buenos recuerdos, o porque tenía aún alguna mínima esperanza en que todo volviese a ser como antes.
Abrí los ojos y me di cuenta de que el tiempo no iba a retroceder, había llegado el momento de moverme y al igual que mis viejos compañeros salir de aquel refugio para afrontar los problemas de fuera y en cierto modo hacerme más fuerte.
Pagué la que sería mi última copa en aquel bar y lentamente recorrí ese museo de recuerdos que nunca volvería a pisar. La gente gritaba y bebía mientras jugaba al póquer pero yo sólo escuchaba las voces y risas de mis amigos que tantas veces habían llenado el lugar. Me acerqué a la puerta respirando aquel espeso y persistente humo de tabaco y sin mirar atrás salí de allí preparado para afrontar la vida de otra manera distinta a como lo había hecho hasta entonces.
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